Te ando buscando, amor que nunca llegas,
te ando buscando, amor que te mezquinas,
me aguzo por saber si me adivinas,
me doblo por saber si te me entregas.
Las tempestades mias, andariegas,
se han aquietado sobre un haz de espinas:
sangran mis carnes gotas purpurinas
porque a salvarme, oh, nino!, te me niegas.
Mira que estoy de pie sobre los lenos,
que a veces bastan unos pocos suenos
para encender la llama que me pierde.
Salvame, amor, y con tus manos puras
trueca este fuego en limpidas dulzuras
y haz de mis lenos una rama verde.
Alfonsina Storni